FEDEAGRO | 6 JUL 2026
El evento sísmico que vivimos el 24 de junio dejó una secuela de hechos que cambian las prioridades del país y demandan la inmediata atención del Estado. Evidentemente La Guaira requiere un plan de acción para recuperar el modus vivendi de su población y aliviar la devastación provocada por la furia telúrica del terremoto.
Afortunadamente el impacto del sismo no afectó a los principales ejes productivos de nuestra economía, en especial las actividades petrolera, la manufactura y la agricultura; no obstante, los recursos disponibles para apoyar la producción de estos sectores, necesariamente compiten con los que deben destinarse a la recuperación de La Guaira y de otras entidades afectadas, obligándonos a solicitar el auxilio de la banca para el desarrollo y de países que destinan fondos para atender estas emergencias.
Con la banca para el desarrollo podríamos optar desde donaciones directas de emergencias, hasta crédito contingentes o fondos multi donantes estructurados para reconstrucción a mediano plazo. Estamos hablando de la CAF, El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID.
Las Naciones Unidas (ONU) operan como el gran articulador de la ayuda internacional ante una catástrofe y dispone del El Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia y el Flash (Flash Appeal) y los Fondos Conjuntos (CERF) los cuales estamos seguros que son opciones consideradas por el gobierno nacional
La Unión Europea también dispone de los Fondos de Ayuda Humanitaria de Emergencia (ECHO), los cuales debemos explorar.
No somos especialistas en estos temas; pero hay algunas iniciativas de otros países de reciente data que consideramos importante citar; como por ejemplo, el auxilio de EEUU a Argentina concretado en octubre de 2025, consistente en un intercambio de divisas por 20.000 millones de dólares para fortalecer las reservas internacionales de la nación sureña y contener las presiones de devaluación del peso, adicionalmente la administración estadounidense impulsó negociaciones con grandes bancos de Wall Street (como JPMorgan, Citi y Goldman Sachs) para estructurar líneas de crédito privadas adicionales por otros 20.000 millones de dólares.
Otro caso, aun cuando de mucho menor cuantía, es el anuncio del presidente electo de Colombia sobre un préstamo no reembolsable para reforzar el proceso de empalme de la transición en el hermano país por 60 millones de dólares.
Citamos estas opciones, solo por el hecho que nuestra maltrecha economía no dispone de recursos para afrontar los gastos y la inversión requerida para atender a la maltrecha población de Vargas y al deteriorado tejido institucional y empresarial que sostenían la economía y la sociedad de esa región. Por otra parte, mantener a flote los sectores productivos que no fueron afectados por el sismo, representaban un enorme desafío con anterioridad al evento; tal es el caso de la electricidad, el agua y los servicios públicos y si no se atienden sus requerimientos no podremos impulsar su imprescindible crecimiento.
Entonces la idea es clara, debemos optar por las ayudas disponibles para socorrer el siniestro y por la banca para el desarrollo para asistir las necesidades de nuestros sectores productivos y salir del marasmo económico y social en que estamos sumergidos.
Nuestro sector, el agrícola, no fue afectado felizmente; no obstante, la naturaleza no nos da tregua y las inundaciones están afectando poblaciones y regiones agrícolas en varios estados que requieren auxilio y atención, y los agricultores, héroes que batallan en silencio, requieren de políticas públicas que estimulen la actividad e incentiven su trabajo productivo en más de dos tercios del territorio nacional, no los descuidemos.
Prensa | IPAF Instituto de Políticas Agrícolas de Fedeagro




