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2016: Otro Año Agrícola Perdido

El año 2016 significó, para el sector agrícola, un año de acumulación de desaciertos y omisiones en la política agrícola

El año 2016 significó, para el sector agrícola, un año de acumulación de desaciertos y omisiones en la política agrícola adelantada por un Poder Ejecutivo que languidece en medio de la crisis económica, política y social más profunda de los últimos cien años.


Como es lógico suponer, la producción agropecuaria no logró levantarse de la acelerada caída registrada desde hace más de ocho años, disminuyendo la contribución de la producción nacional en el consumo de alimentos y acentuándose la dependencia por las importaciones agroalimentarias.
La renta petrolera ya no es capaz de financiar las importaciones, mostrando en toda su magnitud la precaria situación del Sector Agroalimentario y de la agricultura en particular.


Las estimaciones de Fedeagro sobre los resultados de 2016 las referimos al final; no obstante es suficiente señalar que los indicadores de desabastecimiento, escasez y la inflación en alimentos, agravados por la recesión agrícola, reflejan la gravísima situación social del país y el crecimiento de la pobreza y la desnutrición de la población.
Coexisten un conjunto de factores que imposibilitan abandonar la ruta recesiva por donde se ha conducido al Sector Agroalimentario, entre ellos destacamos: el desabastecimiento de semillas (particularmente crítico en hortalizas, arroz, sorgo, leguminosas, pasto y girasol), agroinsumos (fertilizantes, herbicidas, insecticidas, fungicidas), de repuestos, equipos, implementos, maquinaria y medicina veterinaria; el control de precios en las cadenas agroalimentarias de alta sensibilidad y su fijación sin tomar en cuenta las estructuras de costos de producción; la caída de la inversión pública en infraestructura productiva (vialidad agrícola, drenaje, riego, electricidad) y las limitaciones financieras para apalancar la intención de siembra de los agricultores, dado el ritmo de crecimiento de los costos (cada día la Cartera Agrícola alcanza para financiar menos superficie).


Sin maquinas, equipos, semillas, agroquímicos; sin precios justos, sin apoyo crediticio, con infraestructura productiva exageradamente precaria y deteriorada, y compitiendo con productos importados subsidiados a tasas extremadamente groseras, es imposible mantener el área cultivada que promediamos antes del 2015.


A continuación interpretamos los resultados del año 2016 en los doce rubros a los cuales Fedeagro les hace seguimiento y estima la producción desde hace más de diez años, los cuales representan alrededor del 80% del Valor de la producción agrícola vegetal.


El régimen climático en 2016 fue más benigno en comparación a los tres años anteriores e impactó favorablemente la siembra y la producción de maíz; sin embargo, el volumen de producción sigue siendo tan bajo que no podemos hablar de una recuperación de este renglón. En los Llanos Occidentales la tardanza en la entrega de la semilla impidió alcanzar áreas de siembra superiores a las del 2015. Conspiró en contra de mejores resultados para el maíz en 2016, el control de precios ejercido en la cadena productiva de este rubro; en efecto, el precio del maíz blanco fue absurdamente bajo y se ajustó el 20 de diciembre, cuando se había entregado el 90% de la cosecha, en consecuencia los agricultores no se beneficiaron de esta medida y la política comercial se constituyó en un desestimulo para la producción del principal rubro de la agricultura venezolana.


El comportamiento de las lluvias favoreció igualmente a los cultivos permanentes como el café y la naranja. Las confiscaciones de café en las zonas cafetaleras y el absurdo decreto que restringe la comercialización de este rubro, conjuntamente con la indiferencia por control sanitario de la roya, son de los más duros golpes acertados a este cultivo. El impacto de las lluvias sobre la producción, no alcanzó para superar la tendencia decreciente de la producción de los últimos ocho años. .
En el caso del girasol y el ajonjolí, el aumento de la producción del año pasado tampoco puede interpretarse como una recuperación de estos cultivos; toda vez que la comparación es con un 2015 de producción muy baja para este par de cultivos.


La caída de la producción de hortalizas, raíces y tubérculos fue producto, principalmente, de no haber importado las semillas de estos rubros. Los horticultores están utilizando la producción para consumo como semilla y esto se manifiesta en la productividad, calidad y los precios de estos renglones a nivel del consumidor.
Los pobres resultados del sorgo son producto de la escasez de semilla y la producción de 2016 es la más baja de los últimos treinta años.


El arroz se vio afectado por la escasísima disponibilidad de insumos, entre los cuales es importante destacar el cloruro de potasio y la semilla, aun cuando tampoco hubo disponibilidad de agroquímicos utilizados en este cultivo


En la caña de azúcar, más de un millón de toneladas de caña se quedaron en campo sin cosechar por el deterioro de la maquinaria y el transporte de los núcleos de cosecha. El cultivo también se vio afectado por precios fijados sin considerar los costos resultando preferible no cosechar que incurrir en costos de cosecha no compensados con la venta del producto.


En líneas generales, en 2016 funcionó el infierno agrícola venezolano: cuando hubo semilla, llegó tarde después de la época de siembra, cuando llegó a tiempo no hubo fertilizante o si lo hubo falló el herbicida o la plaga se comió el follaje por que no hubo insecticida. Si todo se acopió a tiempo, falló un repuesto de la maquinaria y si llegó el repuesto y se cosechó, el precio no cubrió los costos, o si los cubrió la Guardia Nacional, como en el café, confiscó el producto.


Por los vientos que soplan el 2017 será peor que el año pasado, los problemas centrales de la agricultura continúan siendo ignorados por el MAT, mientras los agricultores y las regiones agrícolas de 16 estados del país seguirán sometidas a la más aguda recesión en los anales republicanos.

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